miércoles, 30 de diciembre de 2015

OBSERVACIONES
Por Jorge López Medina

El viejo estaba sentado en la parte sombreada del jardín. Veía pasar, una tras otra, mujeres de variadas complexiones. Se preguntaba cómo sería la flaquita aquella si pudiera apreciarla con sus muchos huesos y pocas carnes completamente descubiertas. Sabía por experiencia propia que, ya en el plan de una sensualidad plena, en confianza y sin censuras,  hasta la menos dotada tenía lo suyo. Su edad le había enseñado que no son completamente indispensables voluptuosidades como las de Playboy, que se puede gozar con plenitud  de los placeres de la cama en compañía de cualquier damita bien dispuesta a compartir con generosidad su anatomía.  


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